Proyectos de Claude: deja de repetir tu contexto en cada chat
Imagina que cada mañana llega a tu mesa un compañero de trabajo nuevo. Es brillantísimo: entiende cualquier cosa a la primera, escribe rápido, no se cansa y nunca protesta. Pero tiene un problema serio, y es que a las nueve de la mañana ha olvidado absolutamente todo lo del día anterior. No sabe quién eres, ni a qué te dedicas, ni quiénes son tus clientes, ni por qué el boletín de los jueves se escribe con ese tono y no con otro. Así que te sientas con él, se lo cuentas otra vez desde el principio, y cuando por fin está en situación ya se te ha ido media hora.
Eso es exactamente lo que haces cada vez que abres una conversación nueva con Claude. Escribes tres párrafos explicando el contexto, pegas el documento de siempre, aclaras que escribes para gente que no es técnica, recuerdas que no te gustan los adjetivos grandilocuentes. Y al día siguiente vuelves a hacer lo mismo. Si te suena, no es que lo estés haciendo mal: es que te falta una pieza. Esa pieza son los Proyectos de Claude.
Qué es un Proyecto, dicho de forma sencilla
Un Proyecto es, sobre todo, una carpeta de trabajo. Pero no una carpeta cualquiera: es una carpeta que lleva grapada por fuera una nota con instrucciones y que guarda dentro unos cuantos documentos de referencia. Cuando abres una conversación dentro de esa carpeta, Claude lee primero la nota y tiene a mano los documentos. Es decir, empieza a hablar contigo sabiendo ya quién eres, cómo te gusta que escriba y con qué información trabajas.
La diferencia con un chat suelto es la misma que hay entre llamar a una centralita y llamar a la persona que lleva tu cuenta desde hace dos años. A la centralita le explicas quién eres cada vez. A la persona que te conoce le dices "lo de siempre, pero para el cliente nuevo" y os entendéis. Un chat suelto es la centralita. Un Proyecto es el compañero que ya te conoce.
Dentro de un mismo Proyecto puedes abrir tantas conversaciones como quieras, y todas parten del mismo contexto sin que tú tengas que repetirlo. Un día le pides un borrador, otro día le pides que revise un texto, otro día le preguntas una duda suelta. Las tres veces sabe de qué va la película. Y las conversaciones quedan agrupadas en su sitio, lo que también ayuda cuando quieres volver a algo que hiciste hace tres semanas y no recuerdas dónde lo dejaste.
Empieza por un área concreta y que se repita
El error más común al descubrir esta función es querer montar un Proyecto para todo. No funciona. Un Proyecto rinde cuando cubre un territorio pequeño y bien definido en el que vuelves a entrar una y otra vez.
Piensa en algo tuyo que se repita cada semana o cada mes. Puede ser el boletín que envías a tus suscriptores, las clases que preparas para un grupo concreto, la contabilidad doméstica que revisas a final de mes, la comunicación con las familias si llevas un aula, las descripciones de producto de tu tienda o las actas de esa asociación de la que eres secretario. Cualquiera de esas cosas es un buen primer Proyecto, porque tiene un contexto estable que hoy estás escribiendo a mano una y otra vez.
Si dudas entre varias, elige aquella en la que más veces te has oído decir "espera, que te explico". Ahí es donde vas a notar el cambio.
Las instrucciones: escríbelas como se las darías a alguien nuevo
Esta es la parte que más gente se salta y la que más diferencia marca. Las instrucciones del Proyecto son esa nota grapada en la carpeta, y la mejor manera de escribirlas es imaginar que mañana entra alguien a cubrir tu puesto y solo tienes un folio para explicarle cómo se hacen las cosas aquí.
No hace falta que quede bonito ni que suene profesional. Tiene que ser útil y concreto. Escríbelo con tus palabras, en frases normales, como si se lo contaras en voz alta mientras os tomáis un café. Conviene que no falten cuatro cosas:
- Quién eres y a quién te diriges, con nombre y apellidos del tipo de persona que te lee o te compra.
- Cuál es el trabajo típico dentro de esa carpeta, es decir, qué le vas a pedir la mayoría de las veces.
- Cómo quieres que suene: cercano o formal, largo o breve, con ejemplos o al grano, qué palabras usas siempre y cuáles no soportas.
- Qué no debe hacer nunca, lo que a veces vale más que todo lo anterior.
Un consejo práctico para afinarlas: escribe una primera versión rápida, trabaja unos días con ella y ve anotando lo que tienes que corregir a mano cada vez. Eso que corriges es justo lo que le falta a tus instrucciones. Lo añades, lo vuelves a probar, y en dos o tres rondas tienes una nota que funciona de verdad.
Los documentos: dos o tres que de verdad importen
Además de la nota, la carpeta guarda documentos de referencia. Aquí la tentación es vaciar el disco duro entero dentro, y es exactamente lo que no debes hacer.
Sube lo que un compañero nuevo necesitaría tener encima de la mesa el primer día. Para un boletín, podrían ser dos números anteriores que representen bien tu estilo y una lista de los temas que ya has tratado. Para unas clases, el temario y un ejemplo de ejercicio bien planteado. Para la contabilidad de casa, el resumen del año pasado y la hoja donde apuntas las categorías que usas. Documentos que expliquen cómo son las cosas en tu caso, no todo lo que existe sobre el tema.
Cuanto más material irrelevante metas, peor va a responder. Y tiene su lógica: si le das a alguien tres documentos clave, se los lee y trabaja con ellos; si le sueltas cuarenta carpetas, se pierde y acaba tirando de lo primero que encuentra, que muchas veces no es lo más importante. Con Claude ocurre algo parecido. Menos material y mejor elegido casi siempre gana.
Y a partir de ahí, simplemente trabaja
Con la nota escrita y los documentos dentro, el uso diario se vuelve sorprendentemente aburrido, en el mejor sentido de la palabra. Entras en la carpeta, abres una conversación y escribes "hazme el borrador de esta semana, el tema es este". Sin presentaciones, sin pegar nada, sin recordarle el tono ni el público. Ya lo sabe.
La primera vez que lo notas, sientes un pequeño alivio. La quinta vez te das cuenta de la cantidad de tiempo que llevabas regalando a la tarea de explicarte.
Lo que un Proyecto no hace
Conviene ser honesto, porque esto no es magia. Un Proyecto no le da a Claude memoria infinita ni conciencia de todo lo que habéis hecho juntos: le da un contexto de partida, que es otra cosa. Tampoco aprende solo de tus correcciones. Si quieres que algo cambie de forma permanente, tienes que subirlo a las instrucciones; corregirlo en un chat sirve para ese chat y poco más.
Tampoco tiene sentido para tareas de un solo uso. Si necesitas traducir un párrafo suelto o resumir un artículo que te ha llegado por casualidad, abre una conversación normal y sigue con tu vida. Montar una carpeta con instrucciones y documentos para algo que vas a hacer una vez es trabajo perdido.
Y hay una última cosa que casi nadie tiene en cuenta: las instrucciones envejecen. Cambias de público, ajustas el tono, dejas de ofrecer aquel servicio, empiezas otra etapa. Si no las revisas, un buen día te encuentras discutiendo con la herramienta porque insiste en algo que le dijiste hace meses y que ya no es verdad. Ábrelas cada pocas semanas y dedícales cinco minutos. Es mantenimiento barato y te ahorra bastante frustración.
El salto de verdad no es escribir mejor, es escribir menos
Hay una idea muy extendida de que avanzar con la inteligencia artificial consiste en aprender a escribir instrucciones cada vez más largas y elaboradas. Durante un tiempo funciona, y luego se convierte en una carga: acabas manteniendo un archivo lleno de textos que copias y pegas, como quien arrastra una maleta a todas partes por si acaso.
El salto real de principiante a usuario avanzado va justo en la dirección contraria. Consiste en sacar el contexto de tus dedos y meterlo en la herramienta, para dejar de escribirlo. Cuando tu Proyecto está bien montado, tus mensajes se vuelven cortos, casi telegráficos, porque todo lo importante ya está guardado ahí dentro. Escribes menos y obtienes más, lo que es la señal más fiable de que lo estás haciendo bien.
Si quieres montar el tuyo con calma y ver ejemplos reales paso a paso, el curso de Proyectos de Claude lo recorre desde cero. Y si prefieres empezar por tu cuenta ahora mismo, elige esa tarea que llevas meses explicando una y otra vez, y dale por fin una carpeta propia.



